Dedicamos el día 23 de Enero celebrar la fiesta  de San Ildefonso, Patrón de Toledo y también de Zamora.  San Ildefonso nació hacia el año 607 en la ciudad de Toledo, siendo hijo de los nobles toledanos: Esteban y Lucía. Desde muy pequeño demostró su inclinación religiosa, y en su etapa adolescente se trasladó a Sevilla para estudiar en la escuela de San Isidoro.  Tras su vuelta a la ciudad de Toledo, donde irá ganando importancia por sus obras de caridad, la  fundación de monasterios como el de San Cosme y San Damián. También debatió sobre la virginidad de María y favoreció su divulgación  con el tratado  “Perpetua Virginidad de la Madre de Dios”. En el año 659 fue nombrado arzobispo de Toledo hasta su muerte en el año 667.

Al honorable San Ildefonso lo enterraron en la antigua basílica de Santa Leocadia, donde era costumbre inhumar a los arzobispos toledanos. Con la conquista bereber muchos de los restos enterrados en Toledo fueron llevados hasta la zona de Asturias, guardarlos en los lugares que nunca llegaron a ser conquistados. Entre esos restos irían las reliquias de Santa Leocadia, los restos de San Ildefonso e incluso se menciona la Casulla.

A media que los territorios cristianos se van reconquistando, las reliquias se van acercando. Quizá esa sea una razón por la cual las reliquias de San Ildefonso aparecieron en Zamora en el siglo XIII, cuando al hacer obras en la iglesia de San  Pedro se encontró un arca con el nombre de San Ildefonso.

Muchos han sido los intentos de la Diócesis de Toledo de recuperar los restos de Zamora, y aunque en 2007 sus reliquias estuvieron durante días en la ciudad de Toledo,  actualmente podemos venerar en Toledo un trozo de  hueso del brazo  y una vértebra que se puede besar tras la misa en honor al Santo  el día 23 de enero.

 

¿Por qué San Ildefonso es tan popular?

Según cuenta la tradición el 18 de diciembre del año 666 San Ildefonso acudió a rezar con un grupo de fieles, en la iglesia situada donde hoy se encuentra la Catedral de Santa María. Al ver una luz que deslumbraba la mayor parte de los fieles salieron huyendo pero San Ildefonso se quedó maravillado ante la visión de La Virgen María, quien bajó del cielo para entregarle como regalo una casulla, que los ángeles había bordado para él. Gonzalo de Berceo lo cuenta en Milagros de nuestra señora: “ dioli una casulla sin aguia cosida, – obra era angélica, non de ome texida, – fablioli pocos vierbos, razón buena complida».

Este milagro fue creído y celebrado como La Descensión de la Virgen, poco a poco se fue propagando por todo el mundo cristiano. Tras la conquista islámica de Toledo,  los musulmanes respetaron el lugar donde la Virgen se había aparecido a la Virgen María, a pesar de que el lugar había quedado convertido en Mezquita. Actualmente, visitando la Catedral se puede admirar y venerar el lugar donde la Virgen María puso sus pies cuando bajo del Cielo.

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